Revista Iberoamericana de Educación
ISSN: 1681-5653
n.º 49/2 – 10 de abril de 2009
EDITA: Organización de Estados Iberoamericanos
para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(OEI)
CINCO
TENDENCIAS DE LA GESTIÓN EDUCATIVA
CARLOS ALBERTO BOTERO CHICA
Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid,
Colombia
Introducción
La planificación y los ejercicios de prospectiva son herramientas
básicas que permiten trazar el rumbo futuro de la educación. La UNESCO como
organismo rector del la educación mundial ha trazado una serie de directrices
que han venido tomando auge en el milenio que comienza. Estas directrices han
sido adoptadas por algunas instituciones de educación superior y es lo que se
conoce como la universidad proactiva[1].
El reto consiste en establecer las políticas y ejecutar las acciones necesarias
pertinentes, desde la gestión educativa, para obtener los objetivos deseados.
Fundamentación
teórica
La gestión educativa como disciplina es relativamente joven; su
evolución data de la década de los setenta en el Reino Unido y de los ochenta
en América Latina. Desde entonces han surgido y se han desarrollado diversos
modelos que representan formas de concebir la acción humana, los procesos
sociales y el papel de los sujetos en el interior de éstos.
Como punto de partida es importante enunciar el concepto de gestión
educativa y establecer algunas diferencias que suelen hacerse entre gestión y
administración. Aunque para la teoría de la administración, desde la década de
los años sesenta, el concepto de gestión ha estado asociado con el término de
gerencia y en especial, sobre el cómo gerenciar organizaciones, empresas
productivas y de servicios, no ha sido así para las instituciones del sector
educativo.
Para algunos estudiosos del tema, la gestión se concibe como el
conjunto de servicios que prestan las personas dentro de las organizaciones.
Esto significa que la gestión adquiere una especificidad, en tanto que tiene
mucha importancia la labor humana. Hoy en día existen actividades en donde la
máquina y el robot cobran un peso relevante en el proceso productivo y la labor
humana se considera menos intensiva, durante y al final del proceso; pero en el
caso de la gestión educativa, el peso de las competencias humanas es el más
representativo.
El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, presenta a la
gestión como la acción y efecto de administrar. De acuerdo con esta definición,
gestión y administración no son sinónimas. Esto significa que pueden existir
prácticas administrativas sin que haya prácticas de gestión. En las prácticas
de gestión la característica fundamental es la transformación que hace el
sujeto, en este caso la persona humana
Para otros autores, la gestión es la capacidad de alcanzar lo
propuesto, ejecutando acciones y haciendo uso de recursos técnicos, financieros
y humanos. De ahí que se pudiera hacer una distinción entre los conceptos de
"gestión" y de "administración". Donde la gestión es el
todo y la administración es una parte del todo, tiene que ver con el manejo y
uso de los recursos. Por lo tanto, para una buena gestión es necesario tener un
buen esquema de administración; o simplemente, la buena administración es
fundamental para la buena gestión. La administración se convierte así, no en un
fin en sí misma, sino en un soporte de apoyo constante que responde a las
necesidades de la gestión educativa.
Otros autores no hacen la distinción entre administración y gestión,
prefieren identificar ambos términos, pues consideran que gestionar y
administrar son sinónimos. No obstante, el debate cobra importancia, en
especial cuando se habla de gestión educativa, porque si aceptamos que el
sujeto y la relación de este con los demás sujetos, es lo que transfiere
especificidad a la gestión, y si se admite que en educación, el sujeto es quien
ejecuta la acciones para transformar a otros sujetos; aceptar la discusión es
aconsejable.
Es importante aclarar que la gestión educativa busca aplicar los
principios generales de la gestión que han estado presentes en la teoría de la
administración, al campo específico de la educación. El objeto de la gestión
educativa como disciplina, es el estudio de la organización del trabajo en el
campo de la educación, por tanto, está influenciada por teorías de la
administración, pero además existen otras disciplinas que han permitido
enriquecer el análisis, como son: la administración, la filosofía, las ciencias
sociales, la psicología, la sociología y la antropología.
La acepción de gestión educativa está estrechamente relacionada con el
concepto convencional de gestión administrativa. Como una aproximación se
presenta esta definición: la gestión educativa se concibe como el conjunto de
procesos, de toma de decisiones y realización de acciones que permiten llevar a
cabo las prácticas pedagógicas, su ejecución y evaluación.
Ahora bien, si aceptamos que la filosofía de la educación postula la
acción educativa como una relación dialéctica en la cual interviene un grupo de
sujetos, directivos, profesores, estudiantes y familias de los estudiantes, que
toman decisiones y ejecutan acciones, también es necesario reconocer las
semejanzas y las diferencias por parte de este grupo de actores, así como, la
definición de una serie de acciones concretas que conduzcan a los actores al
logro de un objetivo en común.
Pero además, debe entenderse que la educación está relacionada con el
encargo social en donde, uno de los fines de la gestión educativa deberá
encaminarse a transformar a los individuos y a la sociedad.
En relación con este tema, el investigador Gimeno Sacristán, ha escrito[2]:
la misma práctica directiva ha de entenderse como acción educativa en donde el
sujeto tiene un papel fundamental. El análisis de la acción se muestra así como
unidad de análisis; es decir, entender lo que acontece en el mundo educativo
tiene que ver con los agentes que le dan vida con sus acciones. Lo anterior
resalta el valor de las acciones y sujetos que las realizan para entender la
educación como proceso social y su posible cambio.
Para algunos autores como en el caso de Valentina Cantón, la gestión está
asociada a las acciones que realiza un grupo de personas orientadas por un
líder o gerente. Este grupo de sujetos ejecutan una serie de acciones concretas
orientadas al logro de objetivos comunes. Por tanto, otra de las condiciones de
la práctica de la gestión educativa requiere el reconocimiento de las
semejanzas y de las diferencias por parte del colectivo educativo[3].
En vista de la marcada influencia que ejerce la administración sobre la
gestión educativa, se han trasladado las mismas escuelas del pensamiento
administrativo, a la gestión educativa. Hoy en día, existe un consenso general
que sostiene que la gestión educativa tiene tres grandes escuelas: la clásica,
la de relaciones humanas y la de las ciencias del comportamiento
administrativo.
Ahora bien, si la gestión educativa tiene como objetivo intervenir en
el ciclo de la administración en las fases de planeación, organización,
ejecución, evaluación y control, es pertinente que en la fase de planeación se
reflexione sobre la prospectiva educativa. Este artículo trata de explicar
cinco tendencias que se vienen presentando en la Educación Superior, del siglo
XXI, como son: la autonomía, la democracia, la calidad, la formación integral y
el surgimiento de la universidad virtual.
1. Autonomía
El concepto de autonomía universitaria se había planteado desde el
siglo XI, en universidades como la de Bolonia y luego se extendió hacia otras
universidades europeas, como fue el caso de las universidades de Salamanca y
Cambridge, en los siglos XII y XIII. No obstante, desde entonces el concepto ha
venido cambiando y con el paso del tiempo ha experimentado ostensibles
transformaciones.
Luego, en los siglos XV y XVI surgieron más universidades, incluso en
América, –el continente naciente– y empieza a tomar auge, este tipo de centros
educativos. Los claustros del saber se consideraban recintos exclusivos donde
solo asistían unos pocos y en este sentido la universidad gozó de un estatus de
autonomía per se. Con la revolución francesa se empezó a difundir la necesidad
de darle más apertura a la educación superior.
Con los movimientos estudiantiles de la década de los años sesenta del
siglo XX, las universidades latinoamericanas fortalecieron el concepto de la autonomía
universitaria, enfatizando al menos en cuatro criterios básicos: la figura de
cogobierno, la posibilidad de tener estatutos propios, contar con planes educativos
incluyendo recursos propios de inversión que estuvieran a salvo de los cambios
de gobierno y la inviolabilidad de los edificios universitarios por parte de la
fuerza pública.
Hoy en día, la figura de la autonomía va más allá de estos criterios.
Se caracteriza por perseguir soluciones propias para la población de
estudiantes, profesores, familias y el entorno social. Pero además, a diferencia
del concepto anterior, busca no solo mirar hacia adentro las necesidades
existentes de las instituciones de educación superior, sino que se preocupa por
consultar el encargo social que le hace la sociedad a la universidad y la
obligación que tiene la misma de revertir conocimientos, investigaciones y aplicaciones
que permitan solucionar problemas que aquejan a la sociedad.
Una gestión educativa autónoma y descentralizada implica que las
instituciones educativas cuenten con oportunidades y capacidades para tomar
decisiones y realizar proyectos educativos propios, pertinentes y relevantes
para las necesidades de los estudiantes y para los requerimientos de formación
ciudadana y de desarrollo local, regional y nacional. Esto significa que no
basta con mirar hacia adentro, es necesario consultar las necesidades del
entorno.
La autonomía sugiere autorreflexión, mirar hacia adentro con libertad
para actuar, pero con control en el proceso. Ejercer autonomía no significa
caos, por el contrario, requiere articular las dimensiones de la gestión
educativa enfatizando en diferentes aspectos de los procesos educativos, de
forma tal que puedan integrarse a teorías que aborden las siguientes
dimensiones: pedagógica, administrativa, social-comunitaria y
política-educativa.
Uno de desafíos a los que se enfrentan algunas instituciones de
Educación Superior son las barreras que imponen los ministerios de educación
para conseguir la figura de la autonomía universitaria. En algunos países
latinoamericanos en forma injustificada, como el caso de Colombia, el
Ministerio de Educación niega o distribuye inequitativamente, a entidades
públicas de educación superior, como los Politécnicos, la obtención de recursos
financieros provenientes del presupuesto nacional, así como créditos procedentes
del exterior por no tener la figura de autonomía, estos recursos están
permitidos solamente para instituciones que están aprobadas como universidad.
2. La democracia
El sentido clave que debe inspirar una teoría significativa y relevante
de la gestión educativa relacionada con la democracia es la educación para
todos, asumiendo además unos elevados niveles de calidad humana colectiva. La
democratización en la gestión educativa implica, a su vez, la existencia de espacios
y mecanismos permanentes de participación ciudadana en la planificación,
administración y vigilancia de las políticas y decisiones educativas, en cada
ámbito de la gestión desde las instituciones educativas hasta el nivel regional
y nacional.
El concepto de democracia en la educación sugiere que debe cubrir a
todos los estudiantes y profesores, lo que implica desarrollar un ambiente
cualitativo de trabajo en las organizaciones educativas mediante la
institucionalización de conceptos y prácticas, tanto técnicas como
administrativas, capaces de promover la formación humana sostenible y la
calidad de vida de estudiantes, profesores y funcionarios técnico-administrativos.
En este sentido, el fortalecimiento institucional de las entidades de educación
superior deberá impulsar la democratización basado en una política de
participación.
Otro tema que hace parte de la democratización es el de la promoción de
la mujer. La educación refuerza la diferencia entre los valores masculinos y
femeninos, lo que determina la imagen del hombre y de la mujer que la sociedad
considera válida, y condiciona los comportamientos y expectativas de alumnos y alumnas.
La falta de democratización también se evidencia en la fuerte debilidad
por parte del sistema político y social para representar a los jóvenes, lo que incide
en que los estudiantes no encuentren los medios adecuados para desarrollar sus
intereses, ideales y sensibilidades particulares. Frente a lo anterior, es
necesario insistir en aumentar la comunicación entre el sistema educativo, sus
autoridades, actores sociales e institucionales para que se incentiven
mecanismos, que favorezcan espacios y momentos de diálogo para los jóvenes.
La democratización deberá trazar políticas y estrategias apoyadas en
normativas gubernamentales dirigidas a la atención de las poblaciones
indígenas, las minorías étnicas y las poblaciones migrantes y desplazadas. Para
lo cual, las proposiciones surgidas de un enfoque multicultural e intercultural
deberán reunir las condiciones para influir en los valores y en las reglas de
los comportamientos propios de la sociedad global.
En la actualidad, la democratización es un objetivo distante de
conseguir en Latinoamérica, la desigualdad de oportunidades que genera esta
situación está íntimamente ligada a la problemática económico-social que afecta
en especial a vastos sectores de la población, que van desde las mujeres a minorías
sociales o a poblaciones étnica y culturalmente diferenciadas, como las
indígenas.
3. La calidad
El nuevo ordenamiento de la economía y el proceso de modernización que
caracteriza a nuestras sociedades genera fuertes exigencias, especialmente en
lo relacionado con el análisis del mercado de trabajo y la formación
cualitativa del talento humano. Para nadie es un secreto que la prosperidad
interna de los países está determinada por la posición que ocupan en el
concierto internacional y una de la variables que hace parte de la medición es
precisamente la calificación del talento humano.
El tipo de sociedad que tiende a predominar en el siglo que comienza se
caracteriza por una gran capacidad científico-técnica, y por la posibilidad de
aplicar esta capacidad al proceso productivo. La generación constante y cada
vez más rápida de nuevos conocimientos y su difusión en el conjunto de la
sociedad constituyen actualmente, la base sobre la que se asienta la
competitividad internacional, la cual requiere una formación de calidad. La
gestión educativa para mejorar la calidad deberá ajustarse a las nuevas demandas
de la ciencia y la tecnología.
Si aceptamos que los docentes tienen la gran responsabilidad de formar
a los estudiantes en nuevos conocimientos y técnicas, los programas de
capacitación a los docentes serán otro de los retos que tiene la calidad de la
educación para cubrir los vacíos y deficiencias que se presentan en este campo.
Por eso, una de las propuestas para mejorar la calidad está relacionada
con la planificación de programas de capacitación dirigidos a la formación
docente que proporcionen al profesor elementos teóricos y prácticos, ubicados
históricamente, que le permitan entender su sociedad y brindar a los estudiantes
las herramientas conceptuales que orienten su destino en forma racional,
crítica y autónoma.
Para alcanzar la calidad, la gestión educativa deberá preocuparse por:
cumplir con los reglamentos que emanan de los ministerios; acatar las normas
que se deriven desde las instancias superiores de las Secretarias
Departamentales y Municipales; y enfatizar sobre la necesidad de la calidad del
trabajo de los educadores, lo cual exige una alta capacitación del docente.
La gestión educativa del siglo XXI, deberá: trazar políticas de acción
que cualifiquen a los trabajadores cuya preparación hoy suele estar por debajo
de la tecnología empleada; reconvertir a aquellos preparados que desempeñen
funciones ya obsoletas o saturadas de personal; y afrontar el problema de los egresados
del sistema educativo que no encuentran empleo, que ocupan puestos de nivel
inferior a sus capacidades o que emigran a países más desarrollados.
Por eso, la educación superior debe orientar sus objetivos a diseñar
propuestas para la formación profesional, ocupacional y la educación técnica,
permitiendo así avanzar en el mejoramiento de la calidad educativa en relación
con las demandas de los sectores económicos, planificando y ejecutando acciones
que conduzcan a cambios profundos.
Otro tema fundamental, que contribuirá a preservar la calidad
educativa, consistirá en establecer un sistema de evaluación que permita medir
adecuadamente los conocimientos adquiridos por los participantes y beneficiarios
del proceso educativo. Introducir una nueva cultura, en los gestores educativos
responsables de la formación, sobre los sistemas de evaluación motivando y
generando calidad.
La investigación y la extensión son dos grandes falencias que han
estado presentes en las entidades de Educación Superior latinoamericanas. La
Educación Superior tiene el deber de hacer investigación, acatando las
exigencias del desarrollo científico y tecnológico, aportando recursos humanos
altamente cualificados para actuar en la sociedad del conocimiento, con sentido
ético y ecológico.
No es posible hablar de calidad sin extensión, la cual deberá buscar
conexiones que contribuyan a fortalecer los vínculos de la triada, empresa,
universidad, estado, combinación necesaria para alcanzar el desarrollo. La
extensión se constituye así en un canal de comunicación que permite: conocer
las innovaciones producidas en los países más avanzados, establecer redes para
realizar las mejores prácticas, transferir conocimientos, retroalimentar el
proceso docente educativo, dinamizar la movilidad académica, fortalecer las
prácticas empresariales, acercar los graduados con la academia, constituyéndose
en carta de presentación ante el ámbito donde operan sus proceso educativos.
Los anteriores son retos que deberá enfrentar la universidad del nuevo milenio.
4. La formación integral
La situación de transformación de valores que se viene presentando en
los ámbitos nacional e internacional exige acciones educativas que permitan
solucionar el problema. Con tal fin se ha venido divulgando desde la UNESCO,
que la formación integral es una de las tendencias educativas del siglo XXI.
Las tendencias neoliberales y el fenómeno de la globalización que se
sustentan en el desarrollo cada vez más acelerado del sistema capitalista
mundial, han acentuado la crisis de valores éticos y morales como resultado de
las profundas contradicciones internas del mismo, en particular en los países subdesarrollados,
con manifestaciones de corrupción; ingobernabilidad; desigualdad; injusticia
social, y consumismo, lo que se convierte en un óbice para la formación
integral.
La educación con visión integradora enfatiza en la necesidad de
impartir la formación de valores en la educación de hoy como una tendencia
actual. Al respecto se dice lo siguiente: una formación integral es aquella que
contribuye a enriquecer el proceso de socialización del estudiante, que
fortalece su sensibilidad mediante el desarrollo de sus facultades
intelectuales y artísticas, trasciende en su formación moral, abre su espíritu
al pensamiento crítico y cultiva en el estudiante los valores de justicia y
solidaridad sin los cuales no es viable la vida en sociedad[4].
La universidad ha de contribuir tanto a preservar el legado de las
generaciones precedentes como a forjar el porvenir. Para lograrlo es necesario
educar a los estudiantes en la importancia de la cultura, la naturaleza, la
condición humana, las formas intangibles de patrimonio, tradiciones, ritos,
fiestas y costumbres, el patrimonio genético y sobre todo, el patrimonio ético.
El tema de la formación integral en la Educación Superior ha cobrado un
marcado interés, en consonancia con la sistemática profundización en la labor
docente-educativa que se desarrolla en ella, no obstante, existen fenómenos que
dificultan la formación integral.
Una de las causas que dificulta la formación integral recae sobre los
profesores quienes poseen una sólida formación en sus áreas técnicas pero
carecen de formación psico-pedagógica, lo que dificulta la formación de valores
en los estudiantes. Para solucionar esta falencia se requiere capacitar a los
docentes en temas éticos y axiológicos.
Los educadores, en general, le prestan más importancia al proceso
formativo de habilidades que al proceso de la formación en valores, tendencia
que proviene del modelo educativo taylorista que se implantó en Latinoamérica en
las décadas setenta y ochenta[5],
tratando de buscar eficiencia. A este fenómeno se agrega el hecho de que los
educadores no están capacitados para formar en valores.
Este afán por privilegiar lo instructivo sobre lo educativo terminó por
aniquilar cualquier intento de formar en ética y valores, relegando las
asignaturas de humanidades. Una evidencia real de este problema es la ausencia
o escasez de asignaturas de ciencias humanas en las carreras técnicas como
Administración y las Ingenierías.
Para los estudiantes y aun para muchos profesores de carreras técnicas,
las escasas asignaturas de ciencias humanas que aparecen en los programas de
estudio son consideradas como “rellenos”, término despectivo que significa que
son asignaturas sin importancia.
También se ha logrado evidenciar que la mayoría de instituciones de
Educación Superior carecen de un sistema de gestión que desarrolle políticas y
acciones encaminadas hacia la formación integral. La ausencia de una estrategia
para la gestión de la formación de valores contribuye a la transmisión impune
de contravalores como violencia, agresión y humillación que día a día
encuentran un ambiente prospero para la trasgresión de todos los derechos
humanos.
Estos contravalores se transmiten de manera colectiva, es decir, se
imponen a las personas mediante normas y pautas de conducta propias de
complejos sistemas que al señalar lo deseable y lo indeseable, lo cierto y lo
equivocado, crean códigos de comportamiento estándar e identidades colectivas homogéneas.
El proceso de formación de valores empieza sin duda en la escuela y en
la familia, pero debe continuar en las Escuelas Superiores y Universidades, en
la academia, cuyo sentido y legitimidad estriba en formar profesionales, gentes
con un profundo conocimiento de su materia y dispuestas a orientarse en la práctica
por los valores y metas que den sentido a su profesión.
Prepararse para formar integralmente a lo estudiantes del siglo XXI exige
diseñar y poner en marcha una estrategia de gestión educativa para la formación
de valores, para lo cual, se requiere un esfuerzo decidido de directivos,
profesores, alumnos y padres de familia con el fin de que revisen las prácticas
institucionales, su estructura, organización y procedimientos y las coloquen al
servicio de la formación integral.
Formar integralmente al estudiante es favorecer la formación crítica y
la capacidad de autoaprendizaje de los jóvenes, así como la asimilación de
valores proclives a la democracia, la solidaridad social, el resguardo de los
derechos humanos, la no-discriminación sexual, étnica y de cualquier otro tipo,
y el respeto al medio ambiente.
5. La universidad virtual
Otra de las tendencias de la gestión educativa consiste en que las
entidades de Educación Superior deberán preocuparse por montar dependencias
dedicadas a gestionar y poner en marcha las denominadas universidades
virtuales. Esto implica crear otra universidad. Se trata de superponer una universidad
digital, que sólo es visible a través de los computadores, sobre otra
universidad que es visible y que la hemos denominado campus universitario, con
sus oficinas, salones de clase, canchas, piscinas y cafeterías.
Pero para que la universidad virtual funcione requiere de una gestión
permanente en la que tanto el rector como las personas que la dirigen, no solo
deben de tener altos conocimientos académicos y pedagógicos sino que deben de
tener una sólida formación en sistemas de gestión pedagógica, diseño curricular,
métodos de evaluación y sobre todo, ofrecer en forma continua pero virtual, los
diferentes programas que despierten el entusiasmo de los nuevos asistentes
matriculados en la misma.
Estos programas exigen altos estándares de calidad y deben cumplir con
una serie de requisitos tales como: legalizarlos ante los ministerios de
educación, ofrecerlos en forma permanente, realizar exámenes y certificar a los
estudiantes que hayan aprobado las diferentes pruebas.
Una universidad virtual deberá fortalecer las tecnologías de la
información y la comunicación (TIC).
Esto significa tener una red propia de banda ancha con unos servidores
de alta capacidad debidamente conectados a los servidores de la web y el
Internet. Sugiere que deberá contar con una biblioteca virtual que permita
difundir la lectura de textos y documentos a los estudiantes conectados en
forma digital.
La investigación también es uno de los factores que deberá estar
presente en este mundo electrónico para lo cual deberá estar conectada a las
redes nacionales e internacionales de investigación.
Además, impone capacitar a un claustro de profesores que se adapten a
la enseñanza y aprendizaje de los sistemas virtuales, desde el diseño
curricular, hasta los métodos y técnicas mas adecuados para digitalizar las
cátedras y por supuesto, realizar las pruebas a los alumnos matriculados.
Montar la universidad virtual presupone recursos financieros para dotar
a las universidades de edificios inteligentes con cableados de banda ancha,
salas de computadores, oficinas para el funcionamiento de la universidad
virtual, auditorios de reuniones para orientar a los estudiantes virtuales, el
montaje de portales que dispongan de información permanente, revistas virtuales
que se conviertan en canales de divulgación, en otras palabras, se trata de
avanzar en telecomunicaciones y conectividad, asunto imprescindible en la
sociedad del conocimiento. Pero además, se requiere de un equipo humano
permanente de directivos, profesores, monitores y auxiliares, expertos en el
tema, que son en definitiva los orientadores, responsables y motivadores del
programa.
Conclusiones
En síntesis, la universidad del siglo XXI tiene varios desafíos:
afianzar la figura de la autonomía universitaria, establecer un clima
democrático, mejorar la calidad de la educación, fortalecer la educación integral,
y construir la universidad virtual.
La autonomía presupone actuar sobre asuntos prioritarios en el
mejoramiento y transformación de los procesos educativos en las instituciones,
como son: la interrelación de la gestión educativa con la calidad de los
procesos educativos, la conexión de la gestión educativa con las teorías
pedagógicas y del desarrollo humano, la vinculación de la gestión educativa en
el marco de la relación academia comunidad para la trasformación de la sociedad
y la consecución de recursos financieros.
Democracia en la educación presupone que la ciencia no es patrimonio de
una elite, ni de lo que se llamó la aristocracia de la inteligencia, sino de
toda la sociedad, más aún de la humanidad. Por ello, todos los hombres, mujeres
y niños deben poseer información sobre aspectos que influyen decisivamente en
el presente y en el futuro inmediato de nuestra vida cotidiana, aspectos entre
los cuales ocupan un lugar prioritario los descubrimientos científicos y las
aplicaciones tecnológicas, que permitan trasformar nuestra vida y la sociedad.
La participación ciudadana se constituye en un factor decisivo para que el
sentido de la democracia en lo educativo avance.
El logro de aprendizajes de calidad es un reto al que se enfrentan los
sistemas educativos en el mundo, lo cual exige hacer énfasis en la formación de
los futuros científicos, profesionales, tecnólogos y técnicos necesarios a
incorporar a la esfera productiva para el desarrollo. La educación con calidad
busca formar ciudadanos capaces de comprender las complejas interrelaciones
existentes entre ciencia, tecnología y los ámbitos social, económico, político
y cultural con el fin de que en el futuro, y cualquiera que sea su esfera de
actividad, cuenten con los instrumentos imprescindibles para participar en la
toma de decisiones que contribuya a construir una sociedad democrática basada
en el desarrollo científico y tecnológico.
La formación integral va más allá de conformarse con instruir. En síntesis,
se trata de convertir las instituciones en generadoras de un clima que
posibilite el ejercicio de valores en lo cotidiano, en las aulas, los patios y
en las instancias de decisión. Instituciones que cambien para transformarse en
espacios protectores de derechos y responsabilidades de directivos, jóvenes,
profesores y padres de familia. Formar integralmente es educar con visión
crítica, con capacidad de autoaprendizaje, así como en la asimilación de valores
proclives a la democracia, la solidaridad social, el resguardo de los derechos
humanos, la no discriminación sexual o étnica, y el respeto al medio ambiente.
La puesta en marcha de la universidad virtual es otro desafío para la
educación del siglo XXI, requiere redefinir el concepto actual de universidad,
explorar y construir un concepto de educación virtual, su significado y
objetivos. Cada institución tendrá que hacer esfuerzos para construir su propio
modelo sin olvidar que actualmente existen otros referentes y experiencias de
donde se pueden adoptar algunas técnicas que sirvan de paradigmas que permitan
incorporar las mejores prácticas.
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[1] Fue promovido en el documento Políticas de desarrollo de Educación
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[2] SACRISTÁN, Gimeno y otros (1991): La gestión pedagógica de la escuela.
(Gerencia educativa de la escuela). Seminario Internacional de Gerencia
Educativa, celebrado en México, 3 a 5 de junio, 1991.
[3] CANTON, Valentona (1997): 1+1+1 no es igual a tres. Ed. Universidad
Pedagógica Nacional, México, pp. 13-14 .
[5] La base teórica del diseño instruccional se basó en los principios de
administración formulados por F. J. Taylor en 1911, quien buscaba controlar la
producción y alcanzar un máximo de eficiencia con estudios de tiempos y
movimientos en la fábrica de automotores de Henry Ford.
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